Antes no es un pasado, es un fin. La palabra antes indica final, el fin de algo que no tiene, bajo ningún aspecto, un nuevo comienzo. Algo que está perdido, terminó para siempre. Y siempre es ¿mucho o poco tiempo?. Y al tener conciencia de ese fin inalterable, utilizamos la palabra antes. "Antes cuando era feliz"; "Cuando eramos felices juntos". ÉRAMOS. Porque ya no somos. Dejó de existir. Y, al pronunciarla, sentimos un escalofrío que nos recorre la columna vertebral de arriba hacia abajo una y otra vez. De arriba hacia abajo; sin principio, sin fin. Porque no hay un "Antes, cuando sentía que [...] y entonces no podía evitar llorar". Desde arriba hacia abajo, como una recta matemáticamente perfecta, una recta carretera al mismo infierno donde habitan los recuerdos, todos los "antes... cuando yo... cuando éramos... nosotros... cuando... juntos... ANTES". Ese es el lado negativo de la palabra.
Según el diccionario:
Antes: de tiempo anterior
Pero cuando las cosas están mal, cuando los sueños llegaron demaciado lejos y se convirtieron en pequeños pedazos de vidrios cortantes, que se nos clavan en cada milímetro del cuerpo, hasta llegar a pincharnos el alma; ahí, el antes es un después sin continuación. Es un... es un fin. Es algo que ya no está, algo que se fue, que antes tuvimos y que ahora no existe. Algo que fue, pero ya no es. Por ende, no será jamás. Y entonces, en el mismo segundo en que pronunciamos una palabra que indica un adiós a aquello que se fue, y seguimos contando la misma historia, a pesar de la punzada que sentimos profundísimamente en el pecho al comenzar a narrar, nuestros corazones pierden su color, como las verdes hojas de los árboles que en verano eran de un color verde sin muerte, y ahora son amarillas, arrugadas y marrón tristeza, porque el marrón es un color que se huele, se oye y se ve triste. El corazón se marchita como un pétalo de rosa; pasa a ser un color rojo desteñido, y todos los sentimientos que hubo en él, los que forman parte del antes, se desprenden y caen gritando sin rumbo fijo en el eterno vacío emocional del cuerpo. Las ilusiones que una vez tuvimos van a internarse a un lugar gris y sin luz, para quedar allí hasta el fin de los días. Porque ese espacio pequeño, insignificante, esa parte del cuerpo que no sabíamos que teniamos, hasta que sentimos un dolor tan fuerte y pesado que nos hace pensar que las 4 paredes blancas que hay a nuestro alrededor pierden su forma y nos compactan hasta reducirnos a una línea recta, como una carretera sin curvas con destino a.. ustedes saben hacia dónde, ese lugar oscuro y sin vida que está tan lejos, como lo está el recuerdo del suspiro con el cual comenzamos la vida. Y ese lugar es gris, gris opaco, porque el gris es el pigmento que le da color a la soledad. ¡La realidad entera, nuestra propia vida está en llamas! Y nada, nada puede mejorarla. Todo se consumió en ese lugar en el que aguarda la inesixtencia. Un lugar rodeado del peor error que puede cometerse y construido con él y sobre él, y para que ese error demencial reine. Ese error es el silencio. Porque el silencio es mas gris que cualquier otra cosa, porque está mas marchito que la primera flor del mundo, porque está mas muerto que una sucia taza de café. Porque no existe, y entonces vive allí, entre la inesixtencia de las cosas, en el rincón de lo perdido, un rincón que está mas allá de todo el olvido del que la humanidad es capaz. Ahí ya no hay grises, es todo negro. A medida que seguimos escupiendo los recuerdos con palabras que no alcanzan a describir aquello que ya no tenemos y que son palabras que no deberíamos pronunciar porque no tienen la fuerza necesaria paraque quienes nos escuchen, logren comprender todo lo que pasó y la nada que ahora poseemos dentro y a nuestro alrededor, nuestra mente se perturba, cientos de pensamientos envenenados por la tristeza giran hacia un lado y otras cientos más que ya están muertos corren en dirección contraria, hasta colapsar unos con otros, y hacernos ver que al pronunciar antes, tomamos conciencia que todo se ha reducido a algo más insignificante que la nada misma, y a la vez más enorme que el abismo que la misma nada es. Todo se reduce a algo perdido, perdido para siempre y hasta nunca. Y entonces es preciso respirar hondo y morir, comenzar de nuevo desde ese punto en el que estábamos perdidos