Nunca acabaré de darme cuenta de lo caprichosa que es esta vida. Un día te encuentras sumido en tu monotonía y al día siguiente ya nada es igual. Cambios, cambios que no podemos controlar y que nos arrastran a nuestro destino. ¿O sí los podemos controlar? Sinceramente no lo sé, pero sí que puedo decir que a mí me cuesta hacerlo. ¿Y cuál es el resultado de estos cambios? Que te duela la cabeza, que estés intranquilo, preocupado, pensativo, llorando en las esquinas. Te llaman y no contestas... Así me siento yo, perdida en un mar de dudas, intentando no ahogarme en él. Intentando saber la dirección en la que nadar. Lo que daría por un faro que me guiase... Sin embargo, no cambio por nada esta inseguridad. Mi vida cambió de repente, y sin darme cuenta volvió a cambiar. Pero lo verdaderamente importante es justo eso, que me siento más viva que nunca.