Todo pasa por algo. Todo tiene una razón, un significado. Nada pasa o deja de pasar porque si. Todo tiene un “por que” en la vida. Todo tiene una respuesta. No existe el “porque si” o “porque no” de tal o cual cosa. Quizás, la solución mas rápida o próxima sea decir un “porque si, porque yo quiero”. Pero la realidad es otra. Cada pregunta tiene una respuesta, la cual tal vez no es la que más nos gusta, pero es la verdadera. Desde el norte hasta el sur, desde el oeste hasta el este, en todos los lugares, todo pasa por algo. Aunque tal vez se diga por decir, aunque tal vez es lo que más convence a los demás. La realidad es esa, todo pasa por algo. Todo tiene un justificativo, una lógica, una respuesta a un interrogante. Es verdad que las cosas buenas pasan por algo, pero también las cosas malas pasan por algo, porque de eso sale una enseñanza, un aprendizaje, y al fin y al cabo, después de todo lo malo siempre hay algo bueno. El típico refrán lo dice “después de la lluvia, siempre sale el sol”, o sino, “cuando una puerta se cierra, otra se abre”. Además, todo vuelve. Más de mil veces se debe haber dicho esto, pero es cierto, la vida es un boomerang, y todo vuelve. Tanto lo malo como lo bueno, vuelven. Sin embargo, no se debe hacer una buena acción solo por la simple razón de recibir algo a cambio. No se tiene que andar especulando con recibir algo por hacer algo bueno. Se tiene que hacer algo bueno por que se lo siente, porque se quiere, no con el fin de recibir algo mucho mejor como recompensa. Y sí, lo malo también vuelve. Las cosas malas que haces en la vida te vuelven, cueste lo que cueste, duela lo que duela. Vuelven, quizás del mismo modo, o quizás no. Pero es así, cada cual recibe lo que tiene que recibir, y paga lo que tiene que pagar. Todo pasa por algo, y a la vez, todo vuelve. Nadie queda exento, nunca, de las cosas de la vida.